Hola ! Gracias por llegarse a mi blog!
Hace tiempo que no escribía pero heme aquí nuevamente, es que, en mí, las ganas de escribir nunca acaban; no siempre pudeo hacerme el tiempo de generar una publicación -al menos como yo quisiera- pero la escritura de algún modo u otro siempre me acompaña. Hace tiempo solía tener una rutina en la que a penas me despertaba en la mañana escribía hojas y hojas, muchas veces se convertían en garabatos indescifrables -cuantas veces levanté la hoja de garabos indescifrables y pensaba "Ojalá pudiera mostrarle esto Mirtha Dermisache" y decirle cuán hondo a cavado en mi su obra jaja-, hay algo del gesto de la mano desplazándose de un lado de la hoja al otro, que me trae inmensa paz... Si me dieran a elegir cualquier material para escribir sin dudas elegiría un lápiz, un 6B me vendría muy bien; siento que hay algo de romántico en la profundidad del trazado ejercido con diferentes presiones sobre la hoja y algo de nostálgico a la vez, cuando la hoja empieza a borronearse después de un tiempo de estar entre otras. La primera vez que noté esto -de que las hojas se borronean entre otras- pensé: "hay querida hoja mía, tanta presión te esta quitando tu fuerza".
Cuando me invitaron a participar del evento "Poesía en la Costa 2024", organizado por Silvia Giambroni y Juan Pablo Abraham acepté super contenta, aunque no niego que me costó compartir un poco de lo que soy. La escritura es tan íntima... Tomé algunas notas, leí cuadernos guardados y llenos de polvo con anotaciones -¡no saben la cantidad que tengo!, revolví notas, pegué papeles en las paredes, escribí vidrios... ¡estaba muy pero muy contenta por crear! escribí tanto, que hasta me olvidé que el evento se acercaba jaja... En un momento creativo concreté la poesía que voy a compartir con ustedes. Elegí esta poesía y no otra, porque llegó con la misma energía con la que se irá, la energía de compartir con otro un momento de lectura.
Creo que la poesía es capaz de crear imágenes inigualables; muchas veces siento que al mundo le faltan demasiadas palabras y que la poesía -al igual que el arte- es capaz de resolver ese vacío problemático; parafraseando a Juan Pablo, "la poesía se trata de la experiencia límite del lenguaje."
El Árbol
El árbol
ardiente de memorias
teñía sus hojas
de violeta anaranjado
se aliaba al firmamento,
tejiendo sus sienes
en la infertilidad
y sembraba la esperanza
de conectar con un alma
lejana salvaje,
estirando su ancla
cada día,
un centímetro más.
Las estrellas escribían versos de oración
al viejo árbol en soledad,
y en los miles de laberintos
de tierra quebrada,
derramaban su amarrillo
amor brillante.
Pasaban los días
rodeado de nada,
estirando su ancla
entre cadáveres
cada día,
un centímetro más.
Un ojo posado en las alturas,
aventurero
aviador del desierto
que había sido testigo
prodigioso
se acercó al vástago
y le susurró al oído:
- no te rindas corazón,
- aún te queda fibra por hilar,
- más allá del terreno
- desabrigado
- ellos te esperan.
y el árbol
escuchaba atento
estirando su ancla
cada día,
un centímetro más.
La negrura eterna
pesaba menos que el aire,
y allí estaba el árbol,
estirando su ancla
cada día,
un centímetro más.
Toda hazaña es un sacrificio.