Busco un lenguaje arcaico. Creo en la sensibilidad oculta de las cosas

La importancia del hacer.

¡Hola!

Gracias por llegarte a mi blog, mi nombre es Melanie y soy artista visual y creé este espacio en donde me gustaría hablar de procesos creativos y artes visuales.

 

Se está terminando la semana y estuve ultimando algunos detalles de cosas que espero -más pronto que tarde- comiencen a salir. Esto de autogestionar la propia producción lleva más tiempo del que uno se pudiera imaginar, si sos creativo o artista, sé que podés entenderme.


Hoy me desperté recapitulando un poco todo lo que había hecho en la semana, no suelo hacer este tipo de ejercicios porque utilizo una lista de tareas que me permite ver a simple vista todo lo que voy logrando –si son lectores frecuentes ustedes lo sabrán-, pero hoy en la mañana me salió muy natural. Y como conclusión de ese repaso mental me dije: “la importancia del hacer” y me quedé pensando en eso.


Entonces me dije, hoy voy a escribir sobre lo importante que es hacer, es decir, tomar acción sobre los asuntos que tenemos en mente para poder materializar todo aquello que queremos, y pensaba, que loco todo el proceso del hacer, que nace como una idea que hay que pulirla y darle forma hasta que se haga realidad.

Inevitablemente empecé a recordar momentos pasados… Cuando comencé a hacer proyectos de arte –y hasta hoy- recibía impulsos que venían desde mi interior y que estaban ansiosos por verse materializar.


En internet o en libros se encuentran muchas definiciones de lo que es una idea. Una definición muy conocida es: algo abstracto que habita en el mundo flotante de las ideas, y que hay quienes las atrapan y las jalan hacia abajo para convertirlas en algo más tangible y que se entienden como una “forma de vida incorpórea, energética. Son algo completamente independiente de nosotros, pero capaz de interactuar con nosotros” (cita de Libera tu Magia, una vida creativa más allá del miedo, de Elizabeth Guilbert); esa definición me encanta, aunque, lo que yo siento es que esas ideas vienen desde el interior más profundo de uno mismo, de una sabiduría que vienen desde muy dentro, y que a veces, tampoco es una idea concreta sobre un proyecto, si no que suelen ser pistas más sutiles como: me gusta lo transparente, estoy pensando en el azul, me vino una imagen de algo que tiene luz, soñé que tenía algo que brillaba en la mano, etc.

Me pasa que cuando logro estar en paz conmigo, cuando puedo conectarme con el presente, con la naturaleza y el mundo que me rodeaba, la idea resurgía como su viniera desde el fondo de un océano profundo. O quizás, como si me encontrara con un iceberg –creo que tengo que esbozar mejor una metáfora- donde primero aparecía una palabra, una imagen, un gesto, un brillo, en el que me empezaba a interesar y me llevaba a descubrir una historia mucho más amplia de la que podía imaginar. Eso sí, esta historia no se descubría sola, el iceberg no se mostraba entero, era algo que iba descubriendo a medida que me aventuraba a indagar más, a confiar en ese primer impulso, es decir, haciendo sobre eso.


Quiero poner un ejemplo para ilustrar esto un poco mejor:


Imaginá que te llega un primer impulso: “color azul” y lo sigues… y ves a tu alrededor todo lo que está de azul, y vez en tu ciudad todo lo que conlleva el azul, y ves en tus sueños el color azul, y averiguas lo que significa… Poco a poco, inevitablemente, esas descripciones, esas imágenes –reales o mentales- que busques –y que también te quedes- hablarán de vos, y de tu historia, y de ese algo más armado que te gustaría contar. Por decir algo, no es lo mismo que veas sólo el cielo o sólo el mar, o que contemples a estos dos elementos como algo junto; quizás esta unión te lleve a la idea de dualidad, de espejo, reflejo, etc.


O diferente podría ser que empieces a recolectar diferentes elementos azules, como plásticos descartados, etiquetas, tapitas, cucharas de plástico, etc., y que esto pueda llevarte a pensar en el reciclado o en el potencial estético que tenga para representar algo mediante este material.


Entonces, para mí la idea no es eso que viene del exterior –y menos cuando está muy armado-, si no aquello que se despierta dentro, ese impulso que te lleva a moverte, a actuar, que te genera las ganas de “hacer” para descubrir que es eso que tenías escondido dentro, que necesitabas hablar.


Si la idea es el primer impulso –la corazonada-, el hacer te permite verdaderamente dimensionar el proyecto en el que estabas trabajando, te permite conocer por vos mismo y de manera real (porque uno puede hacerse a la idea que necesita aprender o delegar diferentes etapas del proceso, o quizás no) en el tipo de proyecto que uno se está metiendo.


Cuando una idea brota del interior podemos quedarnos más tiempo del debido imaginando cómo se desarrollaría esa idea, qué consecuencias podría tener, cuáles no, y a veces tendemos a pensar que –valga la redundancia- “pensando mejor o más sobre esa idea, la idea se va a materializar más rápido” y lo que sucede es que sigue ahí, tan abstracta como siempre, reprimida en el interior; y de allí la importancia del hacer, cuando uno comienza a tomar decisiones y a plasmarla, ahí y sólo ahí, recién podemos saber realmente cuáles son los pasos a seguir.


Recuerdo cuando adopté a Cielo, mi conejo, tenía mucho tiempo con la idea de tener una mascota y no me decidía; pero no fue después de un largo tiempo de investigar sobre tipos de mascotas y razas, y pensar en todas las posibilidades de alimento y cosas que necesitaría, de investigar la comida incluso calcular costes, que no me terminaba de decidir si quería o no una mascota. Pronto, se me presentó la oportunidad de adoptar a Cielo, me decidí a traerlo porque “había pensado en absolutamente todo y tenía ya todo calculado”, pero fue la conclusión más irreal a la que podría haber llegado, porque cuando Cielo llegó tuve que hasta cambiar de lugares bibliotecas y muebles por protección de bienes materiales… y finalmente, todo lo que me había preocupado o todo lo que me había diagramado era mucho más simple de toda la película que me había armado; Cielo alegró mi vida con acciones que jamás hubiera imaginado; y en el arte, y en emprendimientos creativos pasa lo mismo.


No quiero que te avientes al vacío sin haber pensado muy bien tus decisiones o analizado tus corazonadas, pero si me animo a decirte que una vez que lo decidas pases a la acción de inmediato, y que tengas en cuenta que solamente haciendo –es decir, realizando actividades concretas que te ayuden a avanzar en ese camino- vas a poder tener una verdadera noción de los pasos a seguir para materializar una idea.


La idea es preciosa, pero la acción incorporada al pensamiento, es potencia pura.


Por ahora esto es todo lo que tengo hoy, para ustedes.

Si has llegado hasta acá, ¡gracias por leerme!


Te recuerdo que hasta el 30/07 está la exposición Simbiosis Espectral en la Usina Cultural de la Universidad Nacional de Villa María en Sabatini 51, Villa María, con entrada libre y gratuita, todos los días, de 8 a 20 hs.

Espero que puedas llegarte a esta exposición o a cualquiera, incluso, que te animes a hacer la tuya propia.


¡Hasta el próximo viernes!


¡Abrazo grande y mucha luz!

Mi carrito