Hola, gracias por llegarse hasta acá, mi nombre es Melanie y soy artista visual y en este espacio me interesa hablar de las artes visuales y de los procesos artísticos.
En el blog de hoy quería leerles un ensayo que me pareció muy hermoso cuando lo encontré, se llama La confianza en uno mismo de Ralph Waldo Emerson. Este ensayo es conocido por ser uno de los ensayos más emblemáticos de Emerson ya que es una propuesta de llamado a lo vital de la vida, y a la intuición como fuente de sabiduría; en donde Emerson propone obedecer a la ley sagrada de su propia naturaleza para alcanzar su potencial, y quienes ya vieron alguno de los videos, conocerán que estas temáticas son fundamentales en mi trabajo, entonces encontré en Emerson una buena bibliografía para compartir en este espacio.
Así que bueno, les comparto este texto:
RALPH WALDO EMERSON
La confianza en uno mismo
“Ne te quæsiveris extra”
El hombre es su propia estrella; y el alma que sea
capaz de engendrar un hombre honesto y perfecto
gobernará sobre toda la luz, toda la influencia, todo
el destino; para él nada llegará demasiado pronto o
demasiado tarde. Nuestros actos son nuestros
ángeles, nuestro bien o nuestro mal, las sombras
fatales que caminan a nuestro lado.
(Epílogo a La fortuna del hombre honesto,
de Beaumont y Fletcher)
Leía yo el otro día unos versos compuestos por un pintor de renombre que me resultaban originales, nada corrientes. Sea cual sea el asunto, el espíritu siempre percibe una advertencia en esa clase de versos. El sentimiento que infunden tiene más valor que las ideas que contienen.
En eso consiste el genio, en creer en tu propio pensamiento, creer que lo que es verdadero para ti en tu corazón lo es también para los demás. Otórgale voz a la convicción que late en tu interior y ésta adquirirá un significado universal, pues lo íntimo, con el tiempo, se transforma en lo general, y nuestro primer pensamiento volverá a nosotros con las trompetas del Día del Juicio.
Por muy familiar que les sea la voz de la mente a cada uno de ellos, el gran mérito que concedemos a Moisés, Platón y Milton consiste en que todos ellos reducen a la nada libros y tradiciones enteras, y escriben no lo que piensan los hombres sino lo que piensan ellos mismos. La persona debe aprender a detectar y a atender ese destello de luz que cruza el interior de su mente en lugar de admirar el lustre del firmamento con sus bardos y sabios. Sin embargo, el hombre rechaza su propio pensamiento sin dudarlo, y lo rechaza porque proviene de sí mismo. En cada obra del genio reconocemos los pensamientos que hemos descartado: vuelven a nosotros con una cierta majestuosidad ajena. Ésta es la lección que nos enseñan Ias grandes obras de arte. Nos muestran cómo obedecer a nuestra impresión natural, y siempre con una inflexibilidad jovial, en aquellos momentos en que se nos llama desde la otra orilla. Si no es así, mañana alguien dirá con gran sentido común lo que nosotros pensábamos y sentíamos desde siempre, y por ello nos veremos obligados, no sin vergüenza, a adoptar de otro lo que era ya opinión nuestra.
En la educación de todo individuo hay un momento en que éste llega a la convicción de que la envidia es ignorancia, que la imitación es un suicidio y que, para bien o para mal, debe tomarse a sí mismo como vara de medir. Llega un punto en que, por muy rebosante que esté la tierra de bondad, no obtiene un solo cereal si no es aplicando sus herramientas a la porción de suelo que se le ha encomendado sembrar. El poder que entonces surge en él es algo nuevo dentro de la naturaleza; él es el único que sabe qué puede hacer, aunque no estará seguro hasta que lo haya intentado. No en vano ciertos rostros, personajes o hechos le dejan una profunda huella mientras que otros le resultan indiferentes. Este arte de la escultura de la memoria tiene una armonía preestablecida. El ojo se coloca allí donde va a caer un rayo de luz para que pueda ser testigo de ello. Nosotros apenas expresamos la mitad de lo que somos y nos avergüenza la idea divina que cada uno representa. Podemos confiar con prudencia y buenos augurios en que sea impartida de manera sincera, pero Dios no dejará que un cobarde enseñe su obra. Un hombre sólo reposa y se alegra cuando ha puesto toda su alma en su trabajo, cuando lo ha hecho lo mejor que sabía; y sin embargo, lo que ha hecho o dicho de otra manera no le dejará descansar. Es un desahogo que no desahoga: el genio le abandona en el intento, y en tal caso las musas, la inventiva y la esperanza ni se le acercan.
Confía en ti mismo: cada corazón vibra según esa cuerda de hierro. Acepta el lugar que la divina providencia te ha otorgado, la sociedad de tus contemporáneos, la cadena de los sucesos. Así lo han hecho los grandes hombres: como niños, se han encomendado al genio de sus tiempos, y su entendimiento ha manifestado que aquello que realmente merece la pena se encontraba a su lado, trabajando a través de sus manos y dominando su ser. Ahora somos hombres y debemos aceptar con la mayor altura de miras el mismo destino trascendental; no somos menores ni inválidos resguardados en un rincón, ni tampoco cobardes que huyen ante la revolución, sino guías, redentores y benefactores que siguen el todopoderoso esfuerzo y que superan el caos y la oscuridad.
La virtud más solicitada es la conformidad, la confianza en uno mismo es su antagonista. Esa sociedad no valora las realidades ni los creadores, sino los nombres y las costumbres.
Aquel que quiera ser un hombre habrá de ser un inconformista. Quien desee ganarse las palmas inmortales no debe detenerse ante el nombre de la bondad, sino que debe explotar si de verdad eso es bondad. Al final, nada hay más sagrado que la integridad de tu propia inteligencia. Si te absuelves de ti mismo, entonces tendrás el apoyo del mundo entero. Recuerdo que una vez, siendo yo joven, tenía que dar respuesta a un estimado tutor que no paraba de importunarme con las viejas doctrinas de la iglesia. Cuando le pregunté “¿Qué tengo que hacer con las tradiciones sagradas si vivo enteramente desde mi interior?”, mi compañero sugirió que “Esos impulsos pueden venir de lo más bajo, no de lo más alto”. Yo le contesté: “No creo que así sea; pero si soy hijo del Diablo, entonces viviré de él”. No hay ley que pueda ser más sagrada que la de mi propia naturaleza. El bien y el mal no son más que conceptos que fácilmente transferimos a esto o aquello; pero lo único bueno es lo que prolonga mi naturaleza, y lo único malo es lo que va contra ella. Un ser humano debe estar al lado de sí mismo ante cualquier oposición, como si todas las cosas fuesen inmateriales y efímeras excepto él.
Según la apreciación popular, las virtudes son más una excepción que una regla.
Mi vida tiene valor por sí misma, no está hecha para el espectáculo. La preferiría mucho antes, aunque fuese menos variada, pero genuina y equilibrada, que rutilante e insegura.
Por muy escasos y limitados que sean mis talentos, yo existo, y no necesito el testimonio secundario mío o de mis compañeros.
La objeción principal a someterse a costumbres que ya os parecen muertas es que dispersan vuestras fuerzas. Os hacen malgastar el tiempo y difuminan la huella de vuestro carácter.
Haz tu trabajo y te reforzarás a ti mismo. pesar de todo, ¿por qué deberíamos mantener la cabeza sobre los hombros? ¿Cómo arrancar este cadáver de la memoria sin contradecir algo que dijiste en este o aquel lugar? Imagínate que te contradices, ¿qué pasa entonces? Una de las reglas de la sabiduría parece ser el no guiarse solamente por la memoria, ni siquiera en actos de pura memoria, sino juzgar el pasado a través del millar de ojos del presente y vivir siempre un día nuevo.
Si un espíritu grande posee consistencia, ya no le resta nada más por hacer. Sea como fuere, actúa bien en este momento. Si desechas las apariencias podrás hacerlo. La fuerza del carácter es acumulativa. Los días virtuosos del pasado obran su fuerza en el presente. toda acción original se explica cuando preguntamos acerca del motivo de la confianza en uno mismo. ¿Quién confía? ¿Sobre qué sujeto primigenio puede fundamentarse una confianza universal? ¿Cuál es la naturaleza y el poder de esa estrella que desafía a la ciencia, ese astro sin paralelo ni elementos mensurables que arroja un haz de belleza incluso sobre acciones impuras y triviales siempre que aparece el más mínimo rastro de independencia? Estas preguntas nos llevan a ese manantial que llamamos espontaneidad o instinto, que es esencia del genio, la virtud y la vida. A esta sabiduría primigenia la denominamos intuición, mientras que todo lo que viene después son enseñanzas. En esta fuerza primera y profunda encuentran su origen común todas las cosas, incluso aquellos hechos remotos que la ciencia no alcanza.
Dejemos que sea nuestra sencillez quien los juzgue, que sea la obediencia a nuestra propia ley quien revele la mísera naturaleza y fortuna de nuestros adinerados ciudadanos.
En tiempos tan tímidos como los de hoy, eso se consigue diciendo la verdad.
Confiaré tanto en que todo lo que es profundo es también sagrado que no escatimaré fuerzas en hacer aquello que el corazón me señala y me deleita interiormente.
Si nuestros jóvenes fracasan en sus primeras labores, perderán la esperanza. Si un joven mercante falla, le dicen que está arruinado. Si, transcurrido un año de haberse graduado, el mejor de nuestros cerebros universitarios no consigue que le metan en una oficina de los alrededores de Boston o Nueva York, tanto a él como a sus amigos les parecerá bien justificado que éste se desmoralice y se queje durante el resto de sus días.
Él sí camina hombro con hombro con sus tiempos y no siente vergüenza por no “estudiar una profesión”, ya que no demora su vida, sino que la vive en el momento. No tiene una oportunidad, sino cientos. Deja que un estoico explique los recursos del individuo y les diga a los hombres que no son sauces llorones, sino que pueden y deben ser independientes; que ejercitando la confianza en uno mismo surgirán poderes nuevos.
En la obra Bonduca de Fletcher, cuando al personaje de Catarach le advierten que debe conocer los pensamientos del dios Andate, responde:
Su significado oculto yace en nuestros esfuerzos,
Nuestros valores son los mejores dioses
Así pues, utilizad aquello que llamamos fortuna. Trabaja y adquiere dentro de la voluntad, así retendrás la rueda de la fortuna y no tendrás que temer sus giros. Nada que no seas tú puede darte paz. Nada que no sea el triunfo de los principios.
Ese es el fragmento que quería compartirles. Es un pequeño resumen hecho de partes del ensayo, si quieren leer el ensayo completo está subido a mi web en recursos gratuitos y lo pueden descargar de manera gratuita, también los pueden encontrar en internet, es un ensayo libre de derechos de autor.
Me parece importante traer este texto porque conozco el reto que es crear algo de la nada y presentarlo al mundo, lo que cuesta a veces también transmitir esa creación al otro, apostar a un camino diferente y reconocer al arte mismo como la prueba de confianza en uno mismo.
Enfrentarse a la hoja en blanco, al reto de supervivencia económica siendo artista, a sostener un discurso, una estética, a marcarse un norte hacia dónde ir, así como de decisión de ir tras el sueño innegociable… las considero pruebas constantes que da la vida para que ejercitemos la confianza en uno mismo.
Cada proyecto concretado, es una prueba de confianza en uno mismo.
Creo que el arte vino a eso, a ejercitar la confianza, a demostrar mediante cada producto artístico la confianza en uno mismo y en sus principios. Lo dice al inicio del ensayo: “Esta es la lección que nos enseñan las grandes obras de arte”, aunque yo le quitaría las grandes obras de arte, y dejaría sólo el arte.
A todo artista o creativo, lector, quiero decirle, que no retrase más esa verdad que quiere comunicarle al mundo, que no desprestigie su trabajo, ni lo oculte, y que es normal sentirse solo en el relato cuando esa construcción artística o esta idea creativa queda entre cuatro paredes. Y recordarles también, que cada proyecto de arte es un acto de valentía y de escucha interior intuitiva.
Espero que este pequeño resumen del ensayo les haya dado un poco de empuje para seguir creando y creciendo. Porque hacer arte, para mí, es recordar la voz interior.
Eso es todo lo que tengo para ustedes hoy, espero que estén muy bien. Les mando un abrazo gigante!
Chau chau.